El otro
día oí unos comentarios un poco despectivos respecto a la ropa y complementos
vintage que me pareció absurdo, ya que los tachaban de trapos viejos. Me
gustaría que se lo dijeran a la Reina de Inglaterra, que su corona no es más
que un trapo viejo, es que es surrealista, o que los vestidos que con tanto
cuidado se conservan de Balenciaga, los vestidos de Marilyn Monroe, o las joyas
de Elizabeth Taylor no son más que trastos viejos.
Este
fin de semana fui a la feria de antigüedades. Me encantan las piezas vintage en
el armario, y es que aunque piensen lo que piensen a mi modo de ver más lejos
de la realidad, las piezas antiguas de cualquier tipo en un armario son piezas
especiales que ya no se hacen, que se han realizado con técnicas muchas en
desuso que lo único que nos enseñan es el mimo y el cuidado con el que se
llevaban a cabo piezas de artesanía y en definitiva, obras de arte.
Con
esto no quiero decir que las piezas modernas no valgan. En la feria me compré
el anillo en tonos rojos que aparece, y aunque no es una pieza sacada de
una gran joyería como Tiffany’s o Cartier, es especial y única, y también me
permite acceder a piezas que de otro modo no me sería posible. El joyero de la
abuela, el de la madre, el de la tía… están todos ellos plagados de piezas
únicas que son en definitiva reliquias familiares.
Pero
también siempre quedan las réplicas, ¿cuántas veces se realizan copias, o se
inspiran en joyería antigua para hacer las delicias de unas cuantas? De todas
formas, la bisutería es cada día más especial, y encontrar un anillo, o una
pieza que sea especial para cada cual es bonito.








