En ocasiones, no nos damos cuenta de que un pequeño detalle
marca la diferencia, como la mariposa que aletea al otro lado del mundo y
provoca a nuestro alrededor una tremenda tormenta. Cambiar es difícil, y más si
quieres que sea un cambio real. Pero a la vez un cambio por pequeño que se
produzca en nuestro interior, puede hacer que ya no nos conozcamos. Y si tan fácil
es no saber quienes somos, ¿cómo vamos a poder saber como son quienes nos
rodean?
Hay quien prefiere la sobriedad y no abusa de lo excesos.
Hay quien las luces de la ciudad le deslumbra y todo a su alrededor se
convierte en una paleta de vividos colores. También los hay que se definen al
intermedio, los que eligen un tono de color que ilumine su día. A mi me gustan
los grandes coloridos, brillantes, alegres, pero bien es cierto, que en
ocasiones lo menos es más, elegir una sola pieza que destaque, aporta la luz
necesaria y la sofisticación a lo más sencillo.






