viernes, 10 de julio de 2015

Because you're all I ever longed for...

El cabello desordenado con una corona de flores comprada en otro momento y tiempo en Candem; mientras que te tapa la cara con destellos dorados de tu pelo por la influencia de ese sol color melocotón estival. Esos anillos que compraste en un pack en una tienda para lucirlos como una estrella de la música.

Esos puestos de camisetas, chapas, merchandising de los grupos que tocan. Stands en los que te venden zapatillas y playeras y te regalan waffles. Promociones de coches y karaokes para que nadie más que tu sea la estrella del festival. Porque en ese momento te sientes como una super estrella en cualquier photocall que tienen preparado y tu estás lista para posar y reírte.

Esa pizza que comiste entre dos conciertos mientras que te reías de algo que unos chicos ingleses o de cualquier nacionalidad te contaban, completamente inverosímil con la idea de hacerte reír y que pensases lo geniales que eran; y dirigirte hacia el siguiente concierto de ese grupo mítico que suena en tu playlist favorita.

Pero lo mejor todavía esta por llegar; queda todavía el mejor de los conciertos, el cabeza de cartel. Porque son los Mumford & Sons, y Marcus Mumford y su banda va a hacer que te enamores y recuerdes esa noche para siempre. Ese primer momento en el que las luces del escenario se enciende y suena la primera nota, y no es más que Snake Eyes y empiezas a cantar a todo pulmón; sabes que mañana tienes boletos de estar afónica, pero no importa; cantas y bailas en el reducido espacio que tienes frente al escenario.

En ese momento sucede todo, suena esa canción: la del concierto esperado, la del grupo adorado y justo durante el solo de guitarra todo encajaba. Es la última hora del día, detrás del escenario el sol se estaba poniendo, bailabas a la vez que el bajo de tu vestido ondeaba. Porque es ese el momento es en el que las películas empiezan y estás por convertirte en la actriz protagonista.



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