martes, 14 de julio de 2015

Girls Just Wanna Have a Dream

¿Cuántas veces nos despertamos con un sentimiento de precipitación? ¿Es esa la sensación de que algo genial va a ocurrir? Ya sabes que tienes una fiesta ese día, y lo tienes todo listo: unas sandalias de Ivanka Trump que te hacen sentir como una princesa del Upper East Side, un vestido que te lo compraste en rebajas y es el mejor que tienes en el armario de un corte clásico atemporal.

En tu clutch llevas esa barra de labios que te da confianza, con la que te sientes como Lauren Bacall en Casablanca lista para pedir que vuelvan a tocar esa canción que tanto te gusta. Porque aunque no sabes exactamente la razón, sabes que esa noche algo bueno va a suceder; puede que el amor toque tu puerta, o simplemente disfrutes con tus amigos como una niña pequeña.

Vas vestida y peinada como una estrella. Es cuando llega ese momento por el que has estado notando la precipitación todo el día, y es que te das cuenta de que ese chico que tanto te gustaba en principio era un enamoramiento tonto; porque es entonces cuando ese chico que en realidad no te gustaba te empieza  a hacer perder la cabeza ya que no se separa de ti en toda la noche y lo único que quiere es que te rías con él, te hace bailar y dar vueltas por toda la pista.

Tus amigas se encuentran contigo en el baño,  ¿en que otro lugar sino? Están listas para analizar como va la noche hasta ese momento: es mono, parece que se esta esforzando en que esa noche sea la primera noche de muchas noches perfectas bailando en la pista de baile rodeada por sus brazos. No sabes el por qué de esa sonrisa tonta en tu cara, sigues diciéndote que no te gusta, que es simpático pero... ya está, que no te mareen.

Te deja un rato con tus amigos con los que bailas esas canciones locas que tanto te gustan de Cindy Lauper y Madonna. No obstante, como es un perfecto caballero, te acompaña hasta la puerta de casa y se despide de ti como Lord Darcy lo haría de Elizabeth Bennett, porque si quieren que te enamores se tienen que esforzar. 

Cuando te quitas al final los tacones al entrar por casa notas que ese es el inicio y cruzas los dedos porque ese sueño no se termine cuando te quites el maquillaje de esa noche en la que has sido una cenicienta moderna y tu príncipe no salga sapo.





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