jueves, 19 de abril de 2012

Cartera de cocodrilo

En el día de ayer recibí muchas felicitaciones que todas ellas me emocionaron, y es una de las razones por las que hoy empiezo este nuevo año cargada de ilusiones que me llenan de alegría y ganas de seguir escribiendo, y os doy las gracias por ello. Mi hermana me recordó que me había olvidado de mencionar a su "spoch" así que tengo que hacer una pequeña dedicatoria, cuando vamos de compras toda la family junta, ambos solemos competir cuando salimos de las tiendas a ver quien a encontrado la mejor pieza en la caza y es que es casi tan profesional como yo, es broma, tiene muy buen ojo también él, así que se lo agradezco a un competidor que me hace estar ojo avizor. 


Ayer a la tarde tenía muchas cosas que hacer ya que mis horarios imposibles no me permiten hacer gran cosa, pero me saqué un ratito de la manga como si fuera Houdini para tomarme una Coca-Cola en buena compañía. Cuando fui a pagar había otra mucha gente haciendo lo mismo. Y me quedé mirando lo diferentes que eran las carteras, los monederos unos y otros, de los que la gente sacaba unas monedas, una tarjeta de crédito o un billete.


La mejor cartera que he visto en mi vida era la de mi abuelo tenía varias carteras, pero todas ellas le molestaban, por lo que cuando salió la tarjeta de crédito se la sacó y cuando vio el funcionamiento de que no se lo cobraban al instante se molestó y no tardó ni un tris en ir a cancelarla. Su cartera al uso acababa siempre siendo un sobre blanco que no le molestaba en el bolsillo del pantalón cuando se sentaba, era ligera y práctica su “cartera de cocodrilo” como por todos era conocida. El caso es que en ocasiones su “cartera de cocodrilo” acababa en la lavadora (era de esperar si no la notaba en el bolsillo del pantalón y normalmente cuando llegaba a casa lo dejaba en el vacía bolsillos suyo, cuando se le olvidaba…) y entonces había un “blanqueado de dinero” en mi casa, el tendero se llenaba de billetes que hacían las delicias de cuantos pasaban por delante del tendedero en el que esos billetes parecían nuevos, pero habían sido lavados con perlán.


En general, las carteras que utilizamos todos son muy diversas, a la vez suele ser un complemento que la gente no suele cambiar tanto como de bolso, y aunque por ejemplo yo cambio bastante de cartera, no lo hago tanto como de bolso.


Las carteras las hay de todos los tamaños, formas y dibujos. Están las clásicas que te compran cuando tienes unos 12 que es de surf, una de Roxy o Billabong porque es lo que te gusta y luego con posterioridad te siguen gustando y te sigues pasando por esas tiendas y en ese momento te toca ya a ti comprartela. Luego pasas al momento en el que quieres algo gracioso, y una marca como Pylones es una apuesta segura, mi hermana mayor tiene la cartera grande que si os acordáis va a juego del secador que se compró hace unas semanas en Mi hermana, yo y nuestras compras. Luego también depende de las ocasiones o del bolso que lleves porque las carteras grandes no entran en los bolsitos chiquitines que usas cuando vas a dar una mini vuelta y llevas uno de esos bolsos en los que ni entra el móvil, ni las gafas, ni las llaves.

También depende de los gustos, por ejemplo mi madre lleva por un lado un tarjetero y por otro lado un monedero ya que ahora mi madre esta en la época que quiere que los bolsos no le pesen, opta por bolsos más pequeños que antes y considera que aunque son dos cosas en vez de una, le abulta menos a efectos prácticos, ya que en definitiva hay cosas que tiene que seguir llevando y no puede dejar todo en casa.


Los monederos siempre me han encantado, pero yo no me manejo muy bien con ellos mientras que mi otra hermana se maneja con ellos a la perfección. Y aunque me resultan irresistibles, no soy capaz de darles buen uso. Por lo que en muchas ocasiones acabo usándolos para llevarlos a algún viaje y en ellos guardo un par de pendientes, un collar o algo de bisutería. ¡Si es que alguna utilidad tengo que darles!


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