miércoles, 12 de septiembre de 2012

Ya no estamos en Kansas

De pequeña, mi padre me contaba versiones de los cuentos populares que estaban hechas a mi medida. Era mi momento favorito de irme a dormir, cuando mi padre venía a contarme un cuento. En estas versiones mi padre transformaba los comentarios para que me riera un poco.




Uno de mis favoritos era el de caperucita roja, pero mi parte favorita del cuento era el comentario cuando el lobo intentaba escaparse del cazador y decía: “¿Por qué no me habré puesto hoy mis zapatillas Nike para correr más rápido?”



Una cosa muy similar ocurría cuando me contaba el cuento de “el Mago de Oz” y es que los zapatos rojos de Dorothy Gale eran unos zapatos de Chanel maravillosos. Recuerdo que me encantaban en mi mente y yo quería unos zapatos como esos, que me llevasen a un mundo de fantasía.


Puede que sea este el lugar del que tuviera esta pasión por el calzado, o que simplemente sea porque a mi madre también le gustaban mucho los zapatos y yo a escondidas como cualquier niña, los sacaba del armario de mi madre para ponérmelos y jugar por toda la casa. Nunca aguantaba mucho con ellos, ya que a fin de cuentas me quedaban muy grandes.


 


Esta pasión para quienes me conocéis sabéis que sigue ahí, que los zapatos me vuelven loca, y es que mis manolos verdes son mi mayor perdición. Pero el rojo me parece un color ideal para los zapatos, y más para esta época del año que llega, en la que nuestra ropa de repente se oscurece, y puede que en ocasiones el conjunto no solo sea elegante pero también que sea un poco triste. Por lo que un par de zapatos puede cambiar esas tornas y convertir un sobrio conjunto en algo más. ¿Y qué mejor que el color rojo para conseguir esta transformación?

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